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Con sus más de 1.600 hectáreas de terreno protegido y una red de senderos que recorre más de 40 kilómetros, las rutas de senderismo en el parque natural de la Península de Llevant aguardan a quienes buscan una inmersión genuina en los paisajes menos tocados del noreste de Mallorca. Es casi irónico que, aunque el mosaico de sierras costeras, valles suaves y calas escondidas parece diseñado para el disfrute personal, la naturaleza aún lleva gran parte de las riendas aquí. Tal y como sucede en un banco antiguo donde convergen historias, los caminos de este entorno (que atraviesan municipios como Artà, Capdepera y Son Servera) reciben senderistas de todo tipo y nivel.
No todos descubren este Parque Natural de la Península de Llevant de la misma manera, aunque hay un punto común que lo cambia todo: la primera impresión. Es habitual que uno sienta cierta emoción al llegar, sobre todo si ha leído previamente alguna guía o reseña inspiradora, similar a las que destacan la variedad disponible en la rutas de senderismo en el Parque Natural de la Península de Llevant. En definitiva, aquí no hay espacio para la indiferencia; cada visitante acaba el día con la sensación de haber encontrado algo poco común.
Mucha gente tiende a pensar que todos los caminos se parecen, pero lo cierto es que el parque, supervisado muy de cerca por su personal ambiental, ofrece bastantes alternativas diferenciadas. Antes de decidirte, conviene saber que la mayoría de rutas comienzan en el Centro de Información de s’Alqueria Vella, un lugar donde se cruzan caminos históricos y sendas ganaderas que guardan más historia de la que aparentan.
Quizá la mejor elección para quienes pisan monte por primera vez sea la ruta circular de s’Alqueria Vella, particularmente recomendada si lo que buscas es un comienzo tranquilo. Aquí las distancias (entre 4 y 6 kilómetros, depende del desvío) se hacen ligeras y en menos de tres horas cualquiera puede decir que ha cumplido. Apenas hay pendientes, lo cual lo convierte en un paseo agradable incluso para los menos habituados al senderismo.
Por el camino, las placas informativas parecen conversar con el caminante revelando detalles sobre flora, fauna y antiguos oficios. Los muros de piedra que delimitan los campos, las eras casi olvidadas y los hornos de cal aparecen, a menudo, como testamentos silenciosos de la vida rural. En cierto sentido, este tipo de experiencia es tan didáctica como ir a clase, pero mucho más amena.
Tampoco faltan rutas intermedias para quienes desean un poco más de esfuerzo. Hay dos opciones con especial popularidad. Una de ellas va desde s’Alqueria Vella hasta la ermita de Betlem: son aproximadamente 14 kilómetros, ida y vuelta, por sendas que juegan al escondite con encinas y olivos centenarios. A lo largo del camino, fuentes tradicionales como la Font de s’Esquena Llarga aparecen justo cuando más se agradecen.
No todo el mundo lo intenta, pero los que suben a la Talaia Moreia, a 432 metros de altitud, no lo olvidan fácilmente. Desde la cumbre la vista se estira por la línea de costa hasta Capdepera y, si el día está despejado, parece que se ve el fin del mar. Esta ruta, de dificultad media y 9 kilómetros, se puede prolongar descendiendo hasta Es Caló, una cala apartada que invita a hacer una pausa refrescante en verano.
Ahora bien, si eres de los que buscan “hacer cima” en el sentido más literal, el parque responde con rutas más largas y exigentes. Quien decide lanzarse al logro del Puig de sa Tudossa, afronta un desafío de 13,5 kilómetros y 330 metros de desnivel, pero la recompensa desde arriba es difícil de describir: una panorámica de toda la bahía de Canyamel y la sierra, casi como volar sin alas.
Muchos no se atreven con la travesía a Cala Torta, que con sus 17 kilómetros y más de 400 metros de ascenso y descenso se convierte en la odisea del parque. Este sendero baja serpenteando entre campos abandonados hasta una playa sin servicios, tan natural que uno entiende por qué aquí la naturaleza sigue imponiendo sus propias reglas.
A la hora de elegir tu excursión, nadie quiere perder tiempo leyendo datos confusos. Aquí tienes un vistazo sencillo a las principales rutas, como quien consulta el menú rápido antes de pedir la especialidad del día:
| Nombre del itinerario | Distancia total | Duración estimada | Dificultad | Desnivel acumulado |
| Circular de s’Alqueria Vella | 4 – 6 km | 2 – 2,5 horas | Baja | Escaso |
| S’Alqueria Vella ( Talaia Moreia | 9 km | 3 – 4 horas | Media | 220 m |
| S’Alqueria Vella ( Puig de sa Tudossa | 13,5 km | 4 – 5 horas | Media-alta | 330 m |
| S’Alqueria Vella ( Ermita de Betlem | 14 km | 4 – 5 horas | Moderada | 350 m |
| S’Alqueria Vella ( Cala Torta | 17 km | 5,5 – 6,5 horas | Alta | 450 m |
No olvides que estos tiempos son orientativos; lo real es que cada excursión es distinta dependiendo de cuán rápido camines, las pausas para admirar vistas o para alguna que otra foto irresistible.
La clave para disfrutar aquí es una buena preparación previa. Nadie quiere tener un mal día en la montaña, y el parque lo sabe: por eso su infraestructura es sobria, pero suficiente, cuidando al máximo que la huella humana quede en segundo plano y el espacio permanezca protegido.
El acceso habitual se hace siguiendo la carretera Ma-3333 desde Artà. La mejor época es claramente desde octubre a mayo, cuando el clima es templado y no hay aglomeraciones, permitiendo pasar la jornada casi en solitario.
Hay un aparcamiento acondicionado cerca de s’Alqueria Vella, y desde allí las señales llevan rápido al centro de interpretación. Los meses calurosos piden madrugar si no quieres caminar bajo el sol abrasador. Es preferible preverlo, ya que muchas rutas apenas tienen sombra y el agua es casi un tesoro limitado.
El equipo de conservación vela para que nadie se olvide de un par de cosas básicas: solo se puede circular por las rutas autorizadas, los perros deben ir siempre con correa y ni hablar de encender fuego, llevarse plantas o improvisar acampadas. Por cierto, está permitido dormir en el parque, pero solo usando los refugios y tras reservar. Así, los riesgos se reducen al mínimo si además tienes en mente algunos consejos:
Recorrer la sierra Artana va mucho más allá de hacer ejercicio: es acercarse despacio a la historia rural y la fauna de Baleares. El clima mediterráneo configura una escena que, según la estación, recuerda a una pintura viva donde la mano del hombre y la naturaleza pactaron su paz hace tiempo.
El parque es, sorprendentemente, un pequeño cofre botánico. Encinas, pinos, brezos y los típicos matorrales balearicos acompañan el caminar, mientras que el aroma de la lavanda y el romero parece llevarse el estrés. No resultaría extraño ver alguna tortuga mediterránea cruzando el sendero, o escuchar aves protegidas surcando el cielo: es su casa tanto como la nuestra por unas horas. Rapaces, reptiles y aves migratorias dibujan la banda sonora perfecta.
Hablar de la fauna y flora de este espacio es, prácticamente, contar una colección de tesoros naturales:
La historia aquí no se esconde: salta a la vista en cada finca antigua, en los pozos y aljibes restaurados y en los caminos que, antaño, fueron la arteria de la vida rural. Las posesiones de Es Verger, Son Real o Binirandell son como cápsulas del tiempo que hablan incluso a quien va despistado. Es casi imposible andar mucho sin tropezar con una vieja torre o un muro centenario.
Durante el paseo se encuentran torres costeras, como sa Talaia, y antiguos sistemas hidráulicos, vestigios de una época de escasez y creatividad. Estas construcciones nos recuerdan que el parque sobrevivió a épocas de incursiones piratas y sequías; por eso, cada recorrido cuenta un fragmento de la resiliencia isleña.
En definitiva, ponerse las botas y salir a caminar aquí es una forma directa y sincera de conectar con lo que Mallorca realmente es cuando se quitan todas las etiquetas turísticas. Con preparación, respeto y un poco de espíritu curioso, la experiencia que se vive en este rincón privilegiado deja huella mucho después de regresar a casa: no todos los días puedes absorber tanta belleza, cultura y naturaleza en una sola jornada.
Soy Raúl Sáez: valenciano, de Picassent, informático de profesión y montañero por vocación desde que tengo memoria. Empecé pedaleando y acabé enganchado al senderismo, las cumbres y la fotografía de montaña. En 2005 abrí Cuesta Arriba para contar mis salidas tal cual las vivo, con sus aciertos y sus meteduras de pata; sigo subiendo y sigo contándolo.
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